martes, 23 de febrero de 2010

comas suspensivas #5

Microrrelato. El señor Z tenía un blog en internet. Se sumó a la moda por prescripción de su psicoanalista; un argentino medio sordo con quien ya llevaba siete años entre visitas y charlas. Será bueno para ti, le dijo el buen doctor, dar a conocer tu opinión sobre lo que mas te guste. Es posible que asi dejes de inventarte amigos imaginarios, Z. Dejarás por fin de hablar solo. 
Y el señor Z se puso manos a la obra. Actualizaba a diario con opiniones de todo lo habido y por haber, críticas de cine, poemas, televisión.Puso un contador de visitas para saber cuánta gente le visitaba. Y un buen día, después de casi dos años de intentarlo, descubrió, al comprobar que su último post tampoco tenía ningún comentario, que en realidad no se había curado de nada. Seguía hablando solo, más solo que nunca de hecho, pues sus amigos imaginarios, para colmo de males, no pudieron demostrarle al sistema que existían pues, al tener dedos imaginarios, nunca pudieron escribir la palabra de autentificación.

3 comentarios:

Virginia Fernández dijo...

Llevo dos o tres años repitiéndote que no soy un portento de tu imaginación :) Y que por mucho que diga la ciencia que jamás podremos llegar a tocarnos por el número infinitesimal de átomos que se supone que nos separan del resto de la materia, te tengo metido en la yema de los dedos y me electrocuto de amor cada vez que te rozo. Así que de virtual, nada.
Quede este comentario como prueba fehaciente.

Por cierto, ya estoy en Fuengi!
Te llamo.
Y te amo.

La oscuridad que hay en mi dijo...

El señor Z no está solo, hay todo un abecedario de señores por internet realizando la misma terapia, pero si te sirve de algo aquí tienes otro comentario, eso si, ni te llamo ni te amo :P.

Dr. Elektro dijo...

Poesia sobre los captchas! Grande eres, tio!