jueves, 5 de agosto de 2010

difundiendo la palabra #3





















ADVERTENCIA. Este artículo es muy largo. Para aquellos vagos que se quejan de la extensión de mis textos, aquí les dejo la historia MUY resumidita, para que no tengan que molestarse en leer la entrada original. SPOILER
Y en entrando a Cafarnaúm
llegóse a Jesús un leproso
que postrándose de hinojos
y de rodillas llorando
rogóle al Salvador así:
-Señor, quítadme esto,
pues vos podéis.
Y Jesús, toda misericordia,
apiádose del leproso
y tocándole con una mano
dijo en voz alta:
-Límpiese este siervo de Dios,
pues viéndose curado de su mal
verá la Verdad y creerá.
Y todos quedáronse maravillados
y expectantes, mas
viendo que no pasaba nada
díjole el leproso:
-¿Ya?
A lo que Jesús,
infinita humildad y paciencia,
respondió tranquilo:
-Córrete a tu casa, gozoso,
pues estás curado de tu mal.
-¿Que me qué?
-¡Oiga, que hay niños!- le espetó
una señora de Tesalónica
que no perdía detalle.
-Ya veh, picha- dijo con sorna
un mercader que venía de Gadir.
-Quiero decir que vayas a casa,
pues estás curado ya.
A lo que el leproso,
contemplándose sus pustulas
con gesto dubitativo dijo:
-¿Seguro, no? Mire que
a ver si voy a ir diciendo
que me ha curado el tal Jesús
y al final voy a seguir leproso
y todo el mundo se va a reír
de mí por crédulo y lerdo.
Y Jesús, adoptando un tono
más severo espetó:
-¿Dudas tú, joven ex leproso,
de la Santa Voluntad de mi Padre
que obra a través mío?
-No, hombre, que no es eso-
díjole el ex leproso-
que no es que dude de vuestro
padre, que seguro que sí,
que bien, que tiene muy buena
Voluntad y todo, pero...
Y un pastor que se cortaba
las uñas al arrullo de una fuente
levantóse y dijo en voz alta:
-Pues yo tengo aquí un furunculo
que igual podíais echar un ojo
a ver si...
-Pruebas queréis de la verdad
que se os ha dado, pues sois
más ciegos que aquel que
está en tinieblas y...
-Por alusiones- dijo uno.
-¿Y ahora qué?- dijo Jesús.
-Verá... que yo es que no veo.
-Yo curaré tu ceguera igual
que a este leproso (pesado)
le he librado de su mal
pues vive en mí la Verdad y la...
-Pero oiga- interrumpió
el supuesto ciego levantando el dedo.
Jesús se secó el sudor de la frente.
-¿Sí?
-¿Podré seguir cobrando la
Ayuda para Lisiados?
Jesús, armándose de voluntad,
díjole al ciego llevándole
su mano diestra a la frente:
-Verás porque es justo que veas.
Y podrás así ser testigo
y testaferro de las virtudes
de mi Padre, que habrá...
El ciego retrocedía como espantado.
-Sí, sí, pero esperad...
Jesús se detuvo con la
mano aún en alto, a punto
del milagro y miróle con gesto duro.
-Que no sé yo muy bien si
quiero que me devuelva la vista.
-Pero...
-No, si no digo que las virtudes
de vuestro padre no sean dignas
de ver ni nada de eso... y estoy
convencido de que quedaría
bien como... testaferro de esos...
pero... oiga... qué quiere que le diga...
-¿Prefieres tu ceguera, viejo?- dijo
Jesús que estaba perdiendo la
poca calma que le quedaba.
El tumulto cada vez era más grande
alrededor de la escena.
El ex leproso observaba atentamente
y no perdía punto de la conversación.
-No es que me guste- dijo
al fin el anciano ciego-, la verdad,
pero... es que estoy cobrando la
Ayuda para Lisiados, ¿sabe?
Hubo un murmullo de aprobación.
-No os lo toméis a mal, Don Jesús,
pero es que me sale a medio
sestercio por ojo al mes. Y eso
sin contar que mendigando,
con eso de la "compasión por
el pobre cieguecito" me saco
casi dos sestercios más- murmullo
de aprobación del personal-. Y eso,
perdonad que os diga, con
la crisis que tenemos...
Jesús iba a contestar montando en
cólera bilial, pero se le
adelantó la mujer de un campesino
que bajaba a la fuente a por agua.
-¿Un sestercio por ser ciego?-
preguntó asombradísima.
Jesús ya se estaba viendo
venir el percal y comenzó
a recular hacia atrás paso a paso.
-Sí, señora, y eso los meses flojos.
El pastor que se cortaba las
uñas se acercó al grupo con
notable interés:
-Oiga, señor ciego, ¿sabe si
dan la ayuda esa por un furunculo?
-Hombre, depende del
furúnculo... ¿es muy grande?
-Oiga, ¿y por un poco de caspa
dan algo?- gritó otro.
-Yo tengo un ojo vago- dijo otro.
-Pues yo los dos... muy vagos, vaya- otro.
Jesús estaba a punto de salir
de escena desapercibidamente
cuando un señor calvo se le
acercó y le tiró de la túnica.
-Oiga.
-¿Sí?- dijo Jesús con suspicacia.
-¿Y usted dice que la Voluntad de
su padre, que parece que es Dios,
el único y verdadero, obra a
través de usted mismo?
-Este... sí, pero verá... ya veo por donde...
-Y claro, le ha dado a usted...
digamos... licencia para ir por ahí...
haciendo milagritos y esas cosas, ¿no?
Jesús respondió con aplomo:
-Sí, es voluntad de mi Padre.
La conversación con el ciego
habíase parado del todo y ahora
todos prestaban atención a lo que
preguntaba el hombre calvo.
-Y, claro... Jesús, ¿no?
-Sí, Jesús.
-Claro, Jesús, esto... a ti lo que
te gusta... bueno, quiero decir,
la Voluntad de tu Padre es hacer felices
a los hombres y librarlos de sus males,
¿me equivoco?
-No, no se equivoca, señor. Es
mi deber en la Tierra hacer que los
Hombres aspiren a ascender un
día a la Gloria de mi Padre. Pero,
si está usted pensando en...
-Pues mírenos, Jesús, somos hombres...
-Sí, sí, pero le digo que...
-Y estamos mal con esto de la crisis
y todo ese rollo de la inflación...
-Verá, yo no...
-¡Devuélvame mi lepra!- gritó
de pronto el ex leproso.
Jesús se llevó las manos a la cabeza
y buscó con los ojos una vía de escape.
-¡Eso!- gritó alguien que llevaba
un pato en la cabeza- ¡Devuélvesela!
¡Y ponme a mí una sordera crónica
o algo así que de mucha pena!
-Señores... no entendéis que...
-¡Que me devuelvas mi lepra!
-Pero, hijo, estás curado de tu
terrible mal que te...
-¡Y un cuerno! ¡Me has arruinado
la vida! ¡Qué ciego estaba!
-Eh, que el ciego era yo- dijo el ciego.
-Con la Ayuda al Lisiado, la limosna
por caridad y el plus por desagradable
estaba ganando casi tres sestercios por
semana. ¡Devuélvamela!
-¿Tres por semana? Olvide la sordera-
gritó el que quería ser sordo-. Póngame
una lepra- y haciendo cálculos rápidos añadió- ¡Y
ceguera! ¡Póngame también ceguera!
-Yo no puedo, en el Nombre de
mi Padre- trató de zanjar Jesús- hacer
esas cosas, hermanos, porque eso es
el mal y mi Padre es la bondad y...
-Sí, ¡pero la lepra era mía! ¡Y no me
hace ningún bien perderla ahora
que estaba reuniendo para casar a
mi Cassandra con un mercader!
Es mía y exijo que me la devuelva.
Jesús alzó la mano diestra y
tapándose los ojos con la siniestra
tocó la frente del ex leproso y
resignado dijo:
-Perdónalo, Padre, no sabe lo que hace.
-Menos charla y más lepra.
-¡Yo quiero una joroba!- gritó uno.
-Ya tienes tu lepra de nuevo.
-¿Seguro?
-Sí- dijo Jesús con mirada asesina-. Seguro.
-¿Y lo de mi joroba?
-Dame a mí, oh Jesús- clamó de rodillas
un samaritano-, la privación del habla... no,
¡mejor! ¡Déjame sin brazos ni piernas!
-Yo quiero una joroba. O dos si son pequeñas.
Y entonces , Jesús, todo furia contenida
alzó su mano diestra de nuevo a la multitud expectante
y alzando el dedo corazón les dijo a todos:
-Que os den por el culo.
Y salió corriendo.
A lo que el pastor aseado gritó en respuesta:
-¡Que te den a ti, milagrero de pacotilla!

de Pechos de los Apóstoles, versículo izquierdo a 47 bis

3 comentarios:

Virginia dijo...

xD Eso es de los evangelios apócrifos, fijo. De los que no pasaron la censura porque en esa época estaba mal visto decir culo ;) Difundo la palabra!!!!

Vórtice Marxista dijo...

:)
Ay, se me ha olvidado poner de qué parte de la biblia es...
pero sí, en esa época la Santa Madre Iglesia, de hecho, creía que el culo era una cosa santa (y algunos curas siguen pensándolo, ya veh). De hecho se pensaba que había un hueso, el lux (quedificilesserjoseantoniodelgado dixit) que era donde se encontraba el alma. Yo siempre he creido que se referían al hueso del culo. Hueso coxis a.k.a. hueso cuqui.

Te Quiero, amol.

La oscuridad que hay en mi dijo...

Muy bueno, jajajaja, es más despues de leerlo me planteo seriamente si lo que necesita España es mas un antimilagro que un milagro, aunque ni con uno ni con otro creo que mejorase algo.
Por cierto el tal Chus este, le podría decir que se pasara un día de estos por la cola del paro, no para que diese trabajo, sino para entretener al personal mientras espera.