viernes, 26 de julio de 2013

difundiendo la palabra #4

Y Moisés apacentaba entonces el rebaño de un consuegro suyo
que andaba de baja por un esguince, y camina que te camina,
con eso de que iba sumido en sus cosas y hablando consigo mismo,
llegose hasta Horeb, el monte de Dios.
Sentóse entonces sobre una piedra que por allí había y,
dejando el cayado a un lado, dipúsose a echar una cabezadita de nada
cuando vio una zarza que ardía a no mucho de su posición.
Viendo Moisés que la zarza estaba envuelta en llamas
pero que aún así no se consumía, díjose:

-Hay que ver lo que hay que ver. Tengo yo que acercarme
a echar un vistazo porque esto es algo portentoso. Igual puedo
enterarme del truco y así mi Seforita no me quema más las chuletas.

Y allí que se fue a ver si indagaba cómo, por qué y por dónde,
cuando apareciose Dios en mitad del fuego y con voz rugiente le dijo:

-¡Moisés! ¡Moisés!

Y Moisés que era de todo menos el más valiente del pueblo
notó que se le soltaban la vejiga y el esfínter a la vez y que se
le ponían ya los pies a correr en el aire sin moverse del sitio.
Mas como le habían enseñado desde zagal que a las voces autoritarias
había que responderles si uno quería seguir con la costumbre esa de respirar, dijo:

-¡Heme aquí!- y añadió con menos entusiasmo- Pero no me mate...

Y dijo Dios desde las llamas:

-¡Descálzate, Moisés, pues hace un rato que he pasado la fregona!

Y mientras Moisés se quitaba las sandalias temblando de pies a cabeza Dios continuó:

-Moisés, yo soy el Dios de tu padre, el Dios de Abraham, el dios de
Isaac, el Dios de Jacob...
-¿También el de Matatías el Tuerto?- interrumpió el patriarca.
-¿Disculpa?
-Uno de mi pueblo, el hijo de Matab, que le cuenta a todo el mundo que
su Dios vino hace mucho tiempo en una nave y nos dio la sabiduría, que hace
milagros a cascoporro, que dice que fue quién se inventó lo de las pirámides...
Matatías, que vive donde la Sara, la que, ya sabe, que tiene la virtud en venta
a según qué horas... que la hermana tiene un...
-No, de ese no. Ese está loco y habla solo- cortó Dios algo confuso y molesto
por la interrupción-. Yo soy el Dios de tus ancestros, el único y verdadero.
-Vaya por Dios- exclamó Moisés.
-Eso mismo.
-Muy bien, Dios- dijo poniéndose de rodillas Moisés, que entendió que sería lo
mejor para quedar bien con el tal Dios y, para colmo, poder descansar un poco
la postura, que de estar de pie tenía ya las hemorroides en guerra abierta-. ¿Y qué
hacéis ahí metido? Mirad que las quemaduras luego por la noche...

Dios decidió hacer caso omiso de aquello también y fue al grano.

-Moisés, en verdad te digo que siento la aflicción de mi pueblo, que está
en Egipto. Que oigo sus plegarias y sus llantos y...
-Y que lo diga. Que está la cosa calentita ahora.
-Y... ¡Joder, no dejas de interrumpirme y me pierdo! ¿Por dónde iba?
-Disculpad, señor mío Dios, disculpad a este torpe siervo. Decíais lo de Egipto...
-Ah, eso. Sí. Que sé que la cosa está muy mala y ya me he hartado y, consciente
de vuestros sufrimientos, he descendido a libraros de mano de los egipcios.

Moisés se puso a aplaudir loco de contento. Viendo que Dios se quedaba
callado mirándolo con gesto homicida fue dejándolo poco a poco.

-Perdonad, es que me he emocionado. ¡Pues mira qué bien! ¡Va a venir
Dios a librarnos de los egipcios! ¡Veréis cuando se lo diga a mi Seforita!
-Para ello...
-Dejadme adivinar. ¿Lluvia de fuego?
-¿Perdón?
-¿Vais a mandar una lluvia de fuego contra esos malnacidos? Una buena
lluvia de fuego y se les quitan todas las tonterías, hacedme caso.
-No, no. Había pensado...
-¡Destruirlos desde dentro!
-¿Pero qué...? Moisés, hijo, ¿de dónde sacas esas cosas?
-Me dijo Matatías el Tuerto que su Dios destruía gente desde dentro.
-Pues qué cosa más rara.
-No se me ofenda, pero con dioses nunca se sabe. Los hay con cabeza de perro,
con eso os lo digo todo.
-Pero yo soy el único y verdadero- dijo Dios algo desafiante.
-Ya, ya. Y yo lo sé. Pero los otros, por mucho que no sean únicos y verdaderos
también tienen lo suyo. Bueno, perdonadme que os he vuelto a interrumpir.
Ibais a decirme cual era vuestro plan para salvarnos de los cabrones egipcios.
-Ah, sí, eso. Pues mira, Moisés, voy a sacar a mi pueblo de Egipto y os voy a llevar
a una tierra buena y espaciosa, que mana leche y miel...
-¿Mana leche y miel de la tierra? ¡Eso es la leche!
-Sí, hijo, y la miel. La tierra de los cananeos, de los hititas, de los amorreos,
de los ferezeos, de los heveos, de los jebuseos...
-¿Y con tanta gente vamos a caber?
-Que sí, joder, que sí. Y te voy a mandar al Faraón a que le digas de mi parte...
-A ver, esperad, esperad... ¿que tengo yo que ir al Faraón a decirle que nos vamos?
-Sí, y le diréis de mi parte que Dios ha dicho...
-Pero a ver, yo pensaba que ibais a salvarnos vos... Mirad que si voy yo igual me matan un poco.
-Déjate de tonterías, Moisés o te mato yo mismo.
-Glups.
-Pues eso. Vas al Faraón y le dices de mi parte que...
-Disculpad de nuevo.
-¡Dime, dime!
-Que esta gente tiene muchos dioses. Si le digo que vengo de parte de Dios
me dirán que qué Dios es ese.
-Pues le dices que el Dios de Abraham, el Dios de...
-Igual no caen, ¿eh?
-¡Yo soy el que soy!- gritó Dios enfurecido.
-Ya, eso está claro. Pero...
-Mira, Moisés, ¿sabes lo que te digo?
-Decidme, oh, Dios, único y verdadero.
-Que te den por culo.




3 comentarios:

Jose dijo...

Buenisimo, compadre.

Félix Pérez dijo...

Ya te comenté que lo leí y tal en persona. Te escribo porque no sé exactamente por qué no me sale en mi blog, donde están los blogs que sigo, que hay una actualización en el tuyo. De hecho si entras, verás que la útlima publicación es de la Isla 2.0. No sé si has tocado algo o qué, porque yo por mucho que hecho no he conseguido nada.

Swi dijo...

Anda que si eso hubiese sido tal que "asín", ahora estaríamos a otras tonterías.